jueves, 8 de octubre de 2015

El huracán destrozó mi hogar.

La conocí a finales de invierno principio de verano. Todo iba tan deprisa que ya hacíamos la cama juntos. Todo iba tan deprisa que ponía nombre a nuestros hijos ficticios. Todo iba tan rápido que me hallé llorando en la habitación, sólo, roto y herido.

Ir y venir, ir y venir, ir y venir, días tras día, estando en su casa, viniendo a la mía.
Nos vimos juntos pero nunca separados.

Aquellos besos con sentimientos, aquellas palabras de amor dichas sin pensar, sus caricias por todo mi cuerpo contando los lunares de cada parte de mi.

Nos hallamos en la cama abrazados, la miraba mientras dormía en mi brazo como si fuera una almohada, abrió los ojos y esbozó una sonrisa seguida de un beso.

"Buenos días" solté mientras la abrazaba seguido de "Espero despertar contigo así siempre" es mi culpa el haber utilizado la palabra siempre.

Verla por la mañana con mi camiseta ancha y en bragas, esos días fueron los mejores.

Había días que le llevaba el desayuno a la cama y le decía lo mucho que la quería sin cortarme un pelo, y una mirada fija hacía sus ojos, ojos grandes y marrones que cada día me volvían loco.

Pero la tristeza vino después, al ver su (mi) camiseta guardada en mi cajón aún con su olor, y ahí sigue...guardada.

Que puedo decir de las escenas de sexo, que cada vez eran mejores, callabamos el silencio con los gemidos, tapaba mis heridas con sus heridas (hechas por ella misma)
Ahora lo que recuerdo de aquellas escenas son los besos y las palabras de después, era el cigarro de después de nosotros dos.

Meses sin saber de ella.

Dentro de nada se convertirá en años.

Me olvidó. La olvidé (o eso creo)
No hay día que no pierda la cabeza pensando y preguntándome "¿Por qué tuve que llevarla a cada lugar dónde yo yacía la mayoría de mis días?"

Ahora despertarme es un completo martirio, no verla a mi lado, no leer sus "Buenos dias" en mi móvil, no ver su número en mis registro de llamadas.

Me gustaría escuchar su voz después de mucho tiempo, olvidando los rencores, decirnos los fallos mientras volvemos a comer en su restaurante favorito.


Deja de leer esto, que yo ya he terminado de escribir.